¿Por qué la riqueza en México permanece oculta?

La clase invisible

¿Por qué la riqueza en México permanece oculta?

“Siempre va a haber (desigualdad) porque las personas son diferentes, cada uno hace diferentes cosas; no todas las actividades las evalúan y compensan igual. Tiene que haber incentivos para que tú le eches más ganas que los demás. Es naturaleza humana que haya desigualdad. Porque uno es más inteligente que el otro. O tuvo más suerte. Y está bien que exista”, declaró una persona con riqueza en México para la investigación Inequality in Perspective: Rethinking Inequality Measurement, Minimum Wages and Elites in Mexico, de Alice Krozer, investigadora de la Universidad de Cambridge.

Esta percepción, según el análisis de la académica, está internalizada en la sociedad mexicana y en sus élites y revela cómo se entiende la perpetuación de la desigualdad. Y es que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reveló que 347 mil 660 jaliscienses se sumaron a la condición de pobreza, en comparación a los que había en 2018, un incremento de 3.6%. A nivel nacional, Jalisco fue el noveno lugar con más aumento de pobreza, es decir, ahora el 31.4% de la población jaliscienses son pobres. En pobreza extrema viven 251 mil 831 personas, 62 mil 745 personas más que en 2018. A nivel nacional, 3.8 millones de mexicanos cayeron en pobreza, en total son 55.7 millones.

La pandemia de COVID-19 y la crisis económica que causó son las principales razones que agudizaron este problema declaró José Nabor Cruz, secretario ejecutivo del Coneval.

La condición de pobreza se da cuando el ingreso de las personas es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias básicas, y además, tiene al menos una carencia social entre indicadores como: educación, servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y alimentación.

En contraste, los más ricos han recuperado las pérdidas ocasionadas por la pandemia. Oxfam, un organismo internacional que busca combatir la pobreza y desigualdad, indica que la fortuna de los 10 hombres más ricos del mundo ha aumentado en medio billón de dólares, una cifra que financiaría una vacuna universal para la COVID-19 o garantizar que nadie cayese en la pobreza.

“El virus ha puesto al descubierto y ha exacerbado las desigualdades económicas, de género y raciales, a la vez que se ha alimentado de ellas. Más de dos millones de personas han perdido la vida, y cientos de millones se están viendo arrastradas a la pobreza, mientras que la mayoría de las personas y empresas más ricas del mundo sigue enriqueciéndose”, expone un estudio de Oxfam.

Particularmente en México, el 1% de los más ricos acumulan 31% de la riqueza según el banco suizo Credit Suisse que investiga este tema cada año. Actualmente, tres de cada 100 mexicanos son millonarios, cuando en Suiza, el país con más millonarios a nivel mundial, hay 15 por cada 100 personas.

Esta recuperación de los ricos y la agudización de la pobreza incrementará aún más la desigualdad a futuro ya que no se pudo reaccionar adecuadamente frente a la pandemia debido a que las políticas de asistencia fueron mal diseñadas y no tuvieron presupuesto suficiente, profundiza el investigador Diego Castañeda, economista por la Universidad de Londres e historiador económico por la Universidad de Lund.

Ahonda que las políticas públicas se volvieron más regresivas debido a que alrededor del 30% del dinero de programas se quedaba en el 10% de la población más pobre hasta hace dos años; pero actualmente solo el 10% del presupuesto llega a ese grupo social. Aunado a esto, anteriormente el 2% de ese presupuesto llegaba al 10% de las personas más ricas y ahora el porcentaje del dinero alcanzó un 7% dirigido a este grupo: “Llegó menos dinero de lo que llegaba a los más pobres. Eso nos dice que hay un tema en la política social que no permite amortiguar los golpes económicos”.

Por ejemplo, el programa Prospera que otorgaba poco menos de mil pesos a los mexicanos más marginados ya no existe y se sustituyó por otros programas como las becas Benito Juárez para estudiantes de educación superior y media superior; sin embargo, la población más pobre no tiene hijos que lleguen a ese nivel de estudios, explica Castañeda. Además los apoyos se han centrado en poblaciones rurales cuando los más necesitados están en las ciudades.

Los ricos invisibles

La mayoría de mexicanos ganan dos o menos salarios mínimos al día. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) revela que en México hay 55.3 millones de personas económicamente activas, de las cuales 32.4 millones (58%) gana siete mil 393 pesos o menos cada mes. En Jalisco hay 3.87 millones de personas económicamente activas y 2.13 millones (55%) tiene un salario de siete mil 393 pesos. Coneval indica que para satisfacer las necesidades mínimas de cuatro personas que viven en una localidad rural del país se requieren 8 mil 615 pesos.

El tope más alto de salarios mínimos que mide el INEGI es de cinco o más, es decir 18 mil 483 pesos, y en México solo 1.1 millones de personas se encuentra en este grupo (2% de la población económicamente activa); en Jalisco el 2.5% de la población económicamente activa gana cinco salarios mínimos o más.

Muestra de la desigualdad es que, tras la pandemia, 250 multimillonarios vieron caer sus finanzas pero volvieron con fuerza, hasta 86% son más ricos que hace un año, según la lista de la Revista Forbes. Uno de ellos es Carlos Slim, empresario de telecomunicaciones, quien se ubica en la posición 16 de los más ricos del mundo y que en 2020 se calculó su riqueza en 51 mil millones de pesos y en 2021 pasó a 63 mil millones. En la lista destacan solo ocho latinoamericanos de los cuales tres son mexicanos, cuatro brasileños y uno colombiano:

Se ha estudiado que dejar la pobreza y subir en la escala socioeconómica lleva generaciones en México comparado con países de otros continentes. Dinamarca ocupa el primer lugar en el Índice Global de Movilidad Social que creó el Foro Económico Mundial, ya que a una familia pobre le llevaría dos generaciones alcanzar el ingreso medio, o tres en Suecia, Finlandia y Noruega. En la escala, México ocupa el lugar 58 de entre 82 países. Los rubros específicos donde se ubica en una peor posición es en balance de calidad y equidad de educación, aprendizaje continuo, y sobre todo en la distribución salarial.

Esto a pesar de que en México no hay formas de medir la concentración de riqueza de forma detallada. Las encuestas del INEGI como la de Ingresos y Gastos de los Hogares aborda el dinero que se gana en los hogares pero no la concentración, menciona el investigador Diego Castañeda. Muestra de ellos es que basado en el coeficiente de Gini, un indicador para medir la desigualdad de ingresos que va de 0 (máxima igualdad) a 1 (mínima igualdad), México alcanza 0.45, pero debido a que no se capturan en las encuestas los altos ingresos por un truncamientos de los datos no se refleja la magnitud real de la desigualdad que alcanzaría hasta un 0.7 en el coeficiente de Gini: “En términos de riqueza somos más desiguales porque está concentrada”.

El truncamiento de los datos se refiere a que durante los levantamientos de encuestas de ingresos se ponen límites superiores de ingresos, y por ello no aparecen hogares donde la riqueza sea mayor a ese tope.

“No está considerando la colita final de la distribución que son pocos hogares pero tienen muy altos ingresos, y eso trunca los datos. Eso hace que la desigualdad se subestime. Justo por eso debemos tomar medidas para desestimar ese  truncamiento saldrá una desigualdad mayor a la que tenemos en las encuestas”.

Una causa más de la concentración exacerbada de la riqueza en pocas manos es que el Estado no cobra impuestos de los ingresos por capital de los grandes empresarios, y se concentran en capital de trabajo o sueldos. Cuando la mayor parte de las ganancias de los emporios proviene de acciones, bonos, inversiones en bolsas de valores que tienen gravámenes muy bajos.

Históricamente, comparte Casteñeda, se sucumbió ante el poder económico. Durante los años treinta se tenía una visión más progresiva por lo que se impusieron impuestos a herencias, propiedad y al capital de las personas para no permitir que se generara más desigualdad. Pero desde los años 60, con un Estado más conservador y temeroso de los interés económicos de los empresarios, se dejaron pasar los intentos de cobrar impuestos a los grandes magnates.

“Los intereses privados lograron capturar al Estado mexicano y eso hizo que aceptaran que estos grupos no paguen más impuestos. Eso explica cómo a través de los años hemos perdido atención en ellos”.

Por ello espera que en el futuro cercano se incremente el pago de impuestos de los empresarios, ante el riesgo que pasan las finanzas públicas por la transición etaria cuando habrá más personas en la tercera edad y los costos de salud serán más altos.

“Por las mismas presiones políticas, lo más probable sería que se empiece a cobrar a los más ricos, pero que no solo sea respuesta a la necesidad inmediata para solventar el gasto público; me gustaría pensar que se buscaría justicia no solo equidad al introducir cambios para generar una sociedad más igualitaria y justa”.


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